Reproducimos
el texto de nuestro pregón de Navidad y aprovechamos para desearos unas
felices fiestas en nombre de www.villadesalmeron.com.
Buenas
tardes tengáis todos, queridos amigos, los que venís de lugares más
lejanos, los que venís de distintos pueblos de nuestra Alcarria, los
que venís de nuestra querida Hoya del Infantado; buenas noches paisanos
y convecinos de Salmerón.
Tengo, en primer lugar
que agradecer a la organización de este IV Certamen de Villancicos
Villa de Salmerón, al CEAR, a las distintas Asociaciones del municipio,
al Ayuntamiento, que me hayan concedido el inmerecido honor de hacer
este pregón navideño, sobre todo teniendo en cuenta el conocido dicho
de que nadie es profeta en su tierra.
Y tengo que
agradecer doblemente esta atención que conmigo han tenido porque con
ello me veo obligada a hablar sobre dos de las cosas a las que más
apego tengo en la vida: mi tierra y la navidad. El motivo del especial
cariño que ambas cosas me suscitan es tal vez el mismo: las dos me
remiten a mi infancia y, como grandes escritores han afirmado, la única
patria que tiene una persona es esta, su infancia. Por eso mi patria es
Salmerón, y por eso mi patria, de alguna manera, es también la Navidad.
Y
este es el sentimiento de cariño que me gustaría trasmitiros esta
tarde, este apego por la fiestas navideñas, fechas que suponen un alto
en el a veces duro camino cotidiano, unas fiestas que son para los
niños, que son para centrarnos en los hijos y en los nietos, pero
también para buscar el encuentro con los demás, con la familia, con los
amigos, con los vecinos. Son fechas para dejar atrás rencores y
angustias y para reunirnos en torno a la mesa familiar, son fechas para
la celebración y para el canto.
Quizá muchos de
vosotros recordaréis cómo, en tiempos más o menos lejanos, después de
la cena de Nochebuena habéis subido por las calles heladas de vuestros
pueblos hasta la iglesia para allí, junto al humilde Belén de barro,
entonar villancicos tradicionales de nuestra tierra, y quizá sea éste
uno de los mejores recuerdos de vuestra infancia.
Algunas
de estas canciones navideñas tan nuestras tienen, además, un profundo
sentido didáctico, fruto de la sabiduría secular del pueblo. No tenemos
más que recordar la letra del villancico conocido como “Madre en la
puerta hay un Niño” o la adaptación salmeronense de “El Niño Dios se ha
perdido”.
No quiero yo, en ningún caso, convertir
estas breves palabras en una homilía y mucho menos suplantar la voz de
nuestros sacerdotes, pero ¡Cuánto podemos aprender de estos sencillos
villancicos! Ojalá no sea nunca cierto el estribillo de que “en esta
tierra ya no hay caridad”, que aparece en “Madre en la puerta hay un
Niño”; ojalá que las gentes de Salmerón y de la Alcarria seamos
acogedores como ese “ama que está sentada en el poyo de la cocina” de
la canción, y que, como ella, demos calor y refugio a quien nos lo
solicite y que busquemos a los semejantes por las calles de nuestra
localidad, como manda la estrofa del otro villancico mencionado:
Buscadlo por el Cortijo,
que hay un Portal de Belén,
y si no por las Escabas
o tal vez por el Perchel.
Por San Sebastián he visto
cómo brillaba una estrella,
seguidla que de seguro
pasea en aquella vega.
Ya sube alegre y contento
por la Cuesta del Molino
para llegar a la Iglesia
donde esperan los vecinos.
Que
siguiendo los deseos de los villancicos mencionados, los creyentes
encuentren al Niño Jesús en las gentes que caminan por las calles de
nuestro pueblo, y que los no creyentes encuentren también por nuestras
calles a sus semejantes, para que, siguiendo el espíritu navideño que a
todos congrega, vivamos en un mundo en paz.
Que
todos nos unamos en el recuerdo de estos antiguos villancicos, con el
deseo de que esta costumbre tan nuestra no caiga en el olvido.
Por
eso es tan loable la iniciativa que se materializa en el presente
Certamen, en el que recogéis la música popular navideña de nuestros
pueblos y no dejáis que se pierda nuestro rico patrimonio cultural, en
estos tiempos que vivimos, tan uniformes y políticamente correctos.
Por
ello os felicito, por la valentía de reivindicar lo autóctono, lo que
nos es más propio y más querido, lo que nace del sentir de nuestra
tierra.
Y por eso, yo os quiero dar las gracias
en nombre de las generaciones futuras, en nombre de nuestros hijos y de
los hijos de nuestros hijos, porque gracias a vosotros y a gente como
vosotros ellos heredarán la música popular que sus antepasados cantaron
y a cuyo sones vivieron.
Y por eso quiero unirme
a vosotros esta noche en un abrazo alcarreño, en un estrecho abrazo
salmeronense, y desearos a todos salud, paz y unas muy felices pascuas
de Navidad.
Pilar Hualde Pascual
5 de diciembre de 2009